Cómo Recuperar Tu Autoestima

Cómo recuperar mi autoestima
La gente suele confundir confianza con auto-estima. Si bien están relacionadas, no son lo mismo.
La confianza es una sensación de seguridad en uno mismo que surge al apreciar nuestras capacidades (como ser un buen deportista o negociante) o cualidades (como ser gracioso, o bien parecido), mientras que la auto-estima es la confianza en nuestro propio valor inherente como persona.

Aquellos de nosotros que confundimos confianza y autoestima nos encontramos trabajando arduamente sin obtener satisfacción alguna. Podemos ser buenos haciendo varias tareas asombrosas y difíciles, incluso podríamos ser referentes en nuestro campo de trabajo, y aun así no sentirnos bien.

Estos son tres pasos para recorrer el camino correcto y recuperar nuestra autoestima:


1. Toma el control de tus pensamientos.
Cada uno de nosotros tiene pensamientos positivos y negativos. Los pensamientos negativos son la parte de nosotros que ha interiorizado todos los mensajes que la sociedad nos lanza desde que nacimos, y trabaja horas extra para avergonzarnos y obligarnos a encajar con las normas sociales. La mayor parte del tiempo, los pensamientos negativos tratan de salvarnos del rechazo.

Tradicionalmente, la psicología nos ha dicho que los pensamientos negativos -o “el crítico interno”- arrojan pensamientos irracionales, algo que quizá no sea cierto. La sociedad alimenta pensamientos auto-destructivos. No te equivoques, no estás loco, eres un buen oyente por naturaleza, por lo que muchos de nuestros pensamientos auto-destructivos son similares, tales como “soy feo/a”, “soy estúpida/o”, “soy una carga”, o “soy un perdedor (o una perdedora)”. Cuando no te parezca evidente, todo lo que tienes que hacer es leer entre líneas los mensajes sociales, y eso es lo que encontrarás.

Los pensamientos llevan a sentimientos, y los sentimientos llevan a acciones. Para cambiar la manera en que te sientes (no ser digno), cambia la forma en la que piensas. Identifica patrones de pensamiento que te lleven a sentimientos indeseables.

Los pensamientos no son hechos. En lugar de creer en lo que asimilaste por décadas en la sociedad, te invitamos a desafiar lo que aprendiste. Lo que se aprendió se puede desaprender—con práctica.

Desbarata tus pensamientos negativos. Escríbelos. Reemplázalos con la verdad. Sigue adelante con tu día. Recuerda, todos nosotros vinimos a este mundo con todo lo que necesitamos para llegar al final de la vida de manera saludable y feliz.


2. Enseña a otros a respetarte, no a ser de su agrado.
Claro que todos queremos ser del agrado de los demás, pero cuando caerle bien a todo el mundo es nuestra mayor prioridad, comprometemos nuestro bienestar. Normalmente, no se nos enseña a poner límites, lo que lleva a un exceso de compromisos, resentimientos y cansancio crónico.

Eso no te sirve. Mereces tiempo. Tienes una voz, incluso si es incómodo, úsala. La comodidad está sobrevalorada. Es momento de ponerte cómodo estando incómodo.


3. Llegar aquí, aparecer.
Eres la única persona en el mundo con tus experiencias y perspectivas. No tienes un propósito, tú eres tu propósito, y honestamente, te necesitamos. Tienes que aparecer por ti, por nosotros. La meta es tener tu mente y tu cuerpo en el mismo lugar al mismo tiempo—no es algo fácil (por ahora).

Comienza utilizando tus sentidos—mira lo que hay a tu alrededor, aprecia los colores, huele los aromas en la habitación, siente las fibras de la ropa que usas, saborea lo que estés bebiendo o comiendo, escucha lo que sucede a tu alrededor. Te tomará un par de minutos estar presente en el momento. Con algo de práctica, se hará algo natural.

Vale la pena hacerlo, porque no hay nada que te impida sentirte bien en este momento, estés donde estés. Nuestro poder está en nuestra presencia. Nuestro deber es llegar a estar ahí.


Luego de practicar el manejo de tus pensamientos, la fijación de límites y estar presente, tu valor será inconfundible—incluso para ti.


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