Jim Rohn, una de las personas más influyentes en el mundo, escribió un artículo en el que contaba una experiencia de vida que le permitió apreciar uno de los beneficios de ser mejor cada día. Ésta es la transcripción de ese artículo:
Durante los primeros años de mi lucha por triunfar, mi motivación era mucho más terrenal. De hecho, caería en la categoría de “razones básicas”. Todos tenemos razones básicas para triunfar, y pueden hacer que nuestras vidas cambien. Déjame contarte lo que me sucedió.
Poco después de conocer a mi mentor Earl Shoaff, estaba descansando en casa cuando alguien tocó la puerta. Era un toque tímido e inseguro. Cuando abrí la puerta, miré hacia abajo y vi un par de ojos marrones viéndome. Eran de una niña de 10 años. Con todo el valor y determinación que su pequeño corazón pudo acumular, me dijo que estaba vendiendo galletas de las niñas exploradoras. Hizo una presentación impecable—muchos sabores, una oferta especial y sólo $2 dólares por caja. ¿Cómo alguien podría negarse? Con una gran sonrisa me pidió que le comprara una caja.
Yo quería comprarle, sin embargo, no tenía los $2 dólares. Ahí estaba yo, un padre, graduado de la universidad, con un trabajo—y aun así no tenía $2 dólares para gastar.
¿Pero cómo podría contarle esto a la pequeña niña con los ojos marrones? Así que le mentí. Le dije: “gracias, pero ya he comprado suficientes galletas de las niñas exploradoras por este año, y aún tengo muchas en la despensa”.
Fue lo único que se me ocurrió para salir de la situación, y salí de ella. La pequeña niña dijo: “Está bien señor, muchas gracias”, dio media vuelta y siguió su camino.
Me quedé viendo a la niña por un largo tiempo, hasta que finalmente cerré la puerta y lloré. “¡No quiero seguir viviendo así! Ya tuve suficiente de esta vida en quiebra y de mentir. Nunca más volveré a avergonzarme por no tener dinero en mi bolsillo”. Ese día me prometí ganar suficiente dinero para siempre tener varios cientos de dólares en el bolsillo.
A esto me refiero con “razones básicas”. Puede que no me den un premio a la grandeza, pero era suficiente para tener un efecto permanente en mi vida.
Mi historia de la niña de las galletas de las exploradoras tiene un final feliz. Muchos años después, estaba saliendo del banco y vi a dos niñas vendiendo dulces de las niñas exploradoras. Una de ellas se me acercó diciendo: “Señor, ¿le gustaría comprar algunos dulces?”
“Quizá me gustaría, ¿qué clase de dulces están vendiendo?” Le pregunté.
La niña me dijo: “Son dulces rellenos de almendras, sólo cuestan $2 dólares.”
Estaba emocionado. ¡No puede ser, $2 dólares! Le pregunté: “¿Cuántos dulces tienen?”
Respondió: “Tengo cinco”.
Vi a su amiga y le pregunte: “¿Cuántos tienes tú?”
Me respondió: “Yo tengo cuatro.”
En ese momento, les dije: “Los compraré todos.”
Ambas niñas se quedaron sorprendidas, y dijeron al mismo tiempo: “¿De verdad?”
Les dije: “Claro, tengo algunos amigos a quienes les encanta esos dulces.”
Con mucho entusiasmo, las niñas empezaron a apilar las cajas, una sobre otra. Busqué en mi bolsillo y les pagué los $18 dólares. Cuando estaba alejándome de su puesto con las cajas bajo el brazo, una de las niñas me miró y me dijo “¡Señor, usted es realmente especial!” ¡Qué te parece eso! ¿Puedes imaginarte gastar sólo $18 dólares y que alguien te vea a la cara y te diga: “eres realmente especial”?
Ahora ya sabes por qué cargo algunos cientos de dólares en mi bolsillo. No pienso perder oportunidades como ésa nunca más. Y pensar que todo esto fue el resultado de mi propia vergüenza, que canalizada adecuadamente, actuó como un poderoso motivador para ayudarme a triunfar.
¿Qué hay de ti? ¿Qué “razones básicas” tienes esperando desafiarte y provocarte para mejorar? Búscalas, están ahí.
A veces, puede ser algo tan simple como una niña de ojos marrones vendiendo galletas de las niñas exploradoras.

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