
El desgaste es el resultado de una desproporción entre lo que das y lo que recibes—cuando sientes que estás dando más tiempo y esfuerzo a tu trabajo de lo que recibes a cambio. Esto sucede cuando un trabajo no es gratificante, pero más a menudo se debe a que no estás cuidándote. Antes de que puedas lidiar o incluso prevenir el desgaste, necesitas reconocer sus señales de alerta para que puedas saber cuándo hacer algo al respecto.
Éstas son las señales de alerta:
Problemas de Salud. El desgaste tiene un gran impacto negativo sobre tu salud física y mental. Ya sea que experimentes dolores de espalda, depresión, enfermedades del corazón, obesidad, o que te enfermes constantemente, necesitas considerar el papel que juega tu trabajo en todo esto. Notarás si el desgaste que provoca tu trabajo está afectando tu salud, y, entonces, tendrás que decidir si el trabajo que haces justifica sufrir esas consecuencias.
Dificultades Cognitivas. Las investigaciones han demostrado que el estrés daña la corteza pre-frontal, la parte del cerebro que se encarga de la función ejecutiva. La función ejecutiva afecta tu memoria, tu capacidad de tomar decisiones, el control de tus emociones y tu enfoque. Cuando te des cuenta de que estás cometiendo errores tontos, olvidando cosas importantes, teniendo estallidos emocionales, o tomando malas decisiones, probablemente te estés desgastando.
Dificultad con el Trabajo y las Relaciones Personales. El estrés se infiltra en todo lo que haces, particularmente con la forma en que interactúas con otras personas. Incluso cuando sientes que estás manteniendo tu estrés bajo control en el trabajo, puede asomar su lado más desagradable en casa. A menudo, son tus relaciones personales las que sufren. A muchas personas, el estrés las hace más propensas a perder los papeles con la gente, perder su amabilidad, y enfrascarse en conflictos tontos e innecesarios. Otras, están más inclinadas a retraerse y evitar a las personas importantes en su vida.
Llevar el trabajo a casa. ¿Conoces esa sensación enfermiza de cuando estás acostado en la cama pensando en todo el trabajo que no hiciste y esperando que no hayas olvidado algo importante? Cuando no puedas dejar de pensar en el trabajo estando en casa, ésa es una fuerte señal de que te estás desgastando.
Fatiga. El desgaste a menudo lleva al agotamiento debido al costo que tiene el estrés sobre tu mente y tu cuerpo. Cuando te levantas sin energía después de tener ocho horas de sueño, tomando grandes cantidades de café para poder terminar tu jornada diaria, o tienes problemas para mantenerte despierto en el trabajo, estos son indicadores de desgaste.
Negatividad. El desgaste puede volverte muy negativo, incluso cuando por lo general eres una persona positiva. Si te encuentras enfocado en el lado malo de las situaciones, juzgando a otros y sintiéndote cínico, es claro que la negatividad te ha tomado como rehén, y es momento de que hagas algo al respecto.
Satisfacción disminuida. El desgaste casi siempre lleva a una constante sensación de insatisfacción. Los proyectos y las personas que te emocionaban ya no lo hacen. Esta caída en la satisfacción hace muy difícil trabajar, porque no importa cuánto tiempo y esfuerzo le estés dando a tu trabajo, no sientes que estés obteniendo mucho a cambio.
Pérdida de tu motivación. Cuando comenzamos un nuevo trabajo, nos sentimos como en una luna de miel, viendo todo color de rosa. Cuando te encuentras en esta etapa, la motivación es algo natural. En un estado de desgaste, luchas por encontrar la motivación para terminar con tu trabajo. Podrías completar algunas tareas, e incluso, completarlas bien, pero la motivación que te impulsaba a hacerlo ya no está. En lugar de hacer tu trabajo por el placer de hacerlo, tu motivación se origina en el miedo de las consecuencias de dejar de hacerlo. Trabajas solamente para evitar las fechas límite, no decepcionar a las personas, o evitar ser despedido.
Problemas de rendimiento. La gente que se desgastó suele ser muy exitosa, cuando su rendimiento comienza a decaer, otras personas casi no lo notan. Es importante monitorear tu propio decaimiento. ¿Cómo te desempeñabas hace un mes? ¿Hace seis meses? ¿Hace un año? Si ves una caída en tu rendimiento, es momento de determinar si el desgaste está detrás de él.
Pobre cuidado personal. La vida es una lucha constante contra las cosas que se sienten bien en el momento, pero que no son buenas para ti. Cuando experimentas desgaste tu auto-control se desvanece y te encontrarás sucumbiendo ante las tentaciones con mayor facilidad. Esto se debe en gran parte a la manera en la que el estrés afecta tu capacidad de tomar decisiones y tu auto-control, y en parte, a bajos niveles de confianza y motivación.
Cómo combatir el desgaste:
Si reconociste alguno de estos síntomas en ti, no te preocupes. Luchar contra el desgaste es simplemente cuestión de cuidar mejor de ti. Necesitas formas adecuadas de separarte de tu trabajo para que puedas recargarte y encontrar equilibrio. Las siguientes ideas podrían ayudarte:
Desconéctate. Desconectarte es la estrategia más importante de la lista, porque si no puedes encontrar tiempo para distanciarte electrónicamente de tu trabajo, entonces nunca saliste de él. Asegurarte de estar disponible 24/7 te expone a un constante bombardeo de agentes estresantes que te impiden recargarte y enfocarte nuevamente. Si tomar toda la noche o fin de semana libre de responder correos electrónicos y mensajes de voz no es posible para ti, trata de designar horarios específicos para realizar esas tareas. Por ejemplo, durante las noches de la semana, podrías revisar los correos electrónicos después de la cena, y los fines de semana, revisar tus mensajes los sábados en la tarde mientras tus hijos están ocupados con algo más. Agendar pequeños bloques de tiempo alivia el estrés de tener que sacrificar tu disponibilidad.
Presta atención a las señales de tu cuerpo. Es fácil pensar que una jaqueca es el resultado de la deshidratación, que el dolor de estómago es el resultado de algo que comiste, y que un dolor de cuello se debe a una mala postura para dormir, pero no siempre es el caso. A menudo, los dolores y molestias son una acumulación de estrés y ansiedad. El desgaste se manifiesta en tu cuerpo, así que aprende a prestar atención a las señales que te da tu cuerpo para que puedas eliminar el desgaste apenas aparezca. Tu cuerpo siempre te está hablando, sólo tienes que escuchar lo que te dice.
Agenda un tiempo de relajación. Planificar tus momentos de relajación es tan importante como planificar tus horarios de trabajo. Incluso agendar algo tan simple como “leer por 30 minutos” te beneficia enormemente. Agendar actividades relajantes asegura que sucedan, además de darte algo que esperar.
Aléjate de las pastillas para dormir. Cuando decimos pastillas para dormir, nos referimos a todo aquello que te pueda sedar para que puedas dormir. Ya sea alcohol o medicamentos, estas sustancias afectan mucho la capacidad natural de tu cerebro para inducir el sueño. ¿Alguna vez te diste cuenta de que los sedantes te provocan sueños extraños? Cuando duermes, tu cerebro elimina toxinas peligrosas, lo hace mediante varias etapas complejas, a veces, navegando a través de los recuerdos del día y almacenándolos o eliminándolos (lo que provoca los sueños). Los sedantes interfieren con estas etapas, alterando el proceso natural del sueño. Cualquier cosa que interfiera con este proceso natural del cerebro tiene terribles consecuencias para la calidad del sueño, y necesitas buena calidad de sueño para evitar el desgaste.
Organízate. Mucho del estrés que experimentamos diariamente no proviene de tener mucho trabajo, sino de ser muy desorganizado para manejar el trabajo de manera eficiente. Cuando dedicas tiempo a organizarte, la carga se siente mucho más manejable.
Toma descansos regularmente durante la jornada laboral. Fisiológicamente, somos mejores trabajando por periodos de tiempo de una hora o una hora y media, seguidos por descansos de quince minutos. Si esperas a sentirte cansado para tomar un descanso, es demasiado tarde—ya habrás dejado pasar tu pico de productividad y te habrás fatigado innecesariamente al hacerlo. Apegarte a un horario garantiza que trabajes cuando eres más productivo y que descanses en momentos en los que podrías ser más improductivo.
Apaláncate de tu sistema de apoyo. Es tentador retraerse de otras personas cuando te sientes estresado, pero las personas son tu aliadas más poderosas en la guerra contra el desgaste. Familiares y amigos con quienes te llevas bien son capaces de ayudarte. Pasar tiempo con la gente que te importa te ayuda a alejarte del estrés del trabajo y te recuerda vivir y tener un poquito más de diversión.
Si estas estrategias no te ayudan, entonces el problema podría ser el trabajo que haces. El trabajo incorrecto puede provocar desgaste por sí mismo. En ese caso, tendrás que decidir qué es más importante para ti: tu trabajo o tu salud.
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