Ahorramos para nuestra jubilación. Consumimos suplementos nutricionales. Ejercitamos nuestros cuerpos. Hacemos todo eso con la esperanza de protegernos mientras vamos envejeciendo, pero mientras que nos concentramos en cuidar nuestro dinero, huesos y presión sanguínea, olvidamos proteger la única cosa que realmente puede afectar nuestra calidad de vida al envejecer: nuestra felicidad.
Décadas de investigación en psicología positiva ha mostrado que tener altos niveles de bienestar subjetivo (la combinación de una vida satisfactoria y sentimientos positivos en el momento) puede traducirse en una mejor salud física y en una vida más larga. En un informe publicado en el 2011 por el Dr. Edward Diener, un profesor en la Universidad de Illinois, éste analizó 160 estudios importantes y descubrió que si bien los sentimientos positivos no mejoran los resultados para gente con ciertas enfermedades como el cáncer, la evidencia de que la felicidad lleva a una mejor salud es “clara y contundente”.
A continuación, te mostramos cómo comenzar a planificar tu feliz futuro.
4 Maneras De Planificar Tu Felicidad:
1. Crear una vida significativa.
“El bienestar es un estado que se da cuando constantemente—y al máximo nivel de nuestras capacidades—alineamos nuestras acciones diarias con nuestros valores y metas”, según Beth Vagle, una Coach de vida y especialista en el síndrome de déficit de atención en Denver. “Al envejecer, esa alineación es más importante para nuestro bienestar. Necesitamos sentir que nuestras vidas son significativas, y en lugar de buscar significado a nuestras vidas, necesitamos actuar para darle significado”. ¿Cómo darle significado a tu vida? Date un tiempo para reflexionar con respecto a tus valores y luego encuentra actividades que honren esos valores. Si por ejemplo, amas aprender, haz una lista de hábitos regulares que aprovechen esa actividad, como por ejemplo, leer antes de dormir o visitar museos locales.
2. Ser específico.
Los valores y metas que encuentres en tu mente probablemente sean muy generales—como por ejemplo: “quiero ser artista” o “me gusta la naturaleza”—y eso está bien, pero para que sean útiles, necesitas ser más específico con tus metas. Vagle dice: “Los humanos no son muy buenos realizando las actividades que requieren ideas abstractas como ‘quiero ayudar a las personas’”, así que sé específico: ¿Ayudar a quién? ¿Ayudarles con qué? ¿Dónde puedes ayudar? Eso podría resultar en algo como: ‘Quiero ayudar a que los niños aprendan a leer’. A partir de esa idea, puedes investigar cómo puedes lograr esa meta.
3. Evitar el arrepentimiento.
Según Vagle, una pregunta importante que debemos hacernos cuando planificamos nuestra felicidad al envejecer, es: “¿Qué arrepentimientos quiero evitar?” Escribe todo lo que se te ocurra en una lista. Elige una o dos que sean más apremiantes. Si no quieres arrepentirte por no haber pasado suficiente tiempo con tus hijos o nietos, plantea pasos específicos que puedas ejecutar, tales como jugar algún juego de mesa cada noche o realizar un viaje familiar.
4. Ser un trabajo en proceso.
Vagle dice: “La gente que se ve a sí misma como un trabajo en proceso, suele ser más feliz al envejecer. Estas personas siempre buscan maneras para cada día ser una mejor versión de ellas mismas. De hecho, el esfuerzo por ser mejor es satisfactorio en sí, además de tener un efecto positivo en la gente que te rodea”. Si estás trabajando en ser un mejor oyente, probablemente tus amistades o tu matrimonio mejorarán, creando lo que los psicólogos llaman una espiral ascendente de felicidad.

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