Si la preocupación no es algo familiar para ti, quizá deberías revisar si tienes pulso. Estudios científicos han demostrado que la preocupación es una constante en cualquier etapa de nuestras vidas. Nos preocupamos por nuestras finanzas, nuestras relaciones, nuestras familias, nuestro trabajo, entre otras cosas.
Una pequeña cantidad de preocupación que no detenga el desarrollo de la vida diaria es algo normal en la vida de cualquier persona, es algo que se puede esperar e incluso puede llegar a ser un factor productivo. Después de todo, te puede ayudar a evaluar riesgos, detectar y resolver amenazas, y enfocarte en soluciones potenciales a los problemas que enfrentas.
No obstante, una vez que la preocupación escapa de tu control, puede estar presente en todas las decisiones que tomas y afectar significativamente tu vida.
Veamos cómo y por qué sucede esto, y cómo podemos prevenir que suceda.
Esto sucede en tu cerebro cuando estás preocupado.
Cuando un pensamiento negativo ingresa a tu cerebro, tienes dos opciones: puedes dejar que tenga vida propia, o puedes controlarlo con tu atención. Sin embargo, aquí es donde reside el problema: las personas que se preocupan demasiado no tienen mucho control sobre su atención.
Cuando se trata de estos casos, la preocupación no sólo se apodera del cerebro, sino que también de los procesos de pensamiento y hace que la gente se quede pegada a estos asuntos preocupantes.
Una investigación realizada por la psicóloga Colette Hirsch determinó que la gente que se preocupa constantemente tiene excesiva atención hacia las amenazas —aun cuando la supuesta amenaza no exista en la realidad. Esto no necesariamente es una decisión consciente, por lo que la mejor forma de predecir y entender la preocupación no consiste en preguntarle a las personas si se sienten ansiosas o no. En lugar de eso, consiste en entender sus tendencias subconscientes hacia las amenazas.
La personas que se preocupan en exceso creen que sus ansiedades les ayudarán o les protegerán de alguna manera. También están convencidas de que sus propios pensamientos y preocupaciones no pueden ser controladas. Sin embargo, muy en el fondo quienes se preocupan demasiado no pueden tolerar la incertidumbre, y cuando se preocupan en voz alta, esto les ayuda a evitar la duda y aún más negatividad potencial.
Cómo sentirse bien acerca de la preocupación.
Hasta cierto punto, las preocupaciones están relacionadas con cómo te sientes acerca de ti mismo. Un estudio reciente mostró que cuando te sientes mejor contigo mismo a nivel físico y emocional, te preocupas menos. Aquí hay algunas sugerencias para ayudarte a reducir tus preocupaciones a través de pensamientos positivos:
Encuentra algunas buenas noticias.
Deja de lado las noticias negativas y comienza a buscar buenas noticias, no sólo en TV, sino también en tu cabeza. Debes volver una rutina el destinar un tiempo en las mañanas para apreciar lo bueno que hay en tu vida.
Cuando te des cuenta de que estás preocupado, piensa inmediatamente en algo que aprecias en tu vida. Luego, dado que tu mente es propensa a distraerse, haz algo que mantenga fija tu atención. Puedes ver una película, jugar un videojuego, tener una conversación con alguien que aprecias, etc. Todas éstas son muy buenas maneras de aterrizar tu preocupada e hiperactiva mente.
Sé lo que puedes ser.
Supera tu intolerancia a la incertidumbre aceptando que existen cosas que no puedes controlar. Haz una lista de esas cosas, y cuando pienses en ellas, déjalas de lado. Luego, dado que la autoconfianza puede ayudar a calmar la preocupación, ¿por qué no comenzar a fortalecerte física y emocionalmente? Practica ser lo que quieres ser, en lugar de esperar a que mágicamente te conviertas en ello.
No estamos sugiriendo que deberías convertirte en el Dalai Lama o Hulk Hogan, queremos sugerirte que empieces a invertir en ti mismo. Contrata un entrenador personal que te guíe hacia un estado físico saludable, o encuentra a alguien que te ayude a supervisar tus progresos. Adicionalmente, invierte en construir tu autoconfianza perdonándote por los errores del pasado y estableciendo pequeñas victorias para el futuro.
Crea un día libre de preocupaciones.
Toma el control de tu día. Lo primero que puedes hacer en la mañana es pasar cinco minutos escribiendo tres cosas que aprecias sobre ti mismo y tu vida. Luego, ve al gimnasio a encontrarte con tu entrenador personal o reúnete con un compañero de entrenamientos y establece pequeñas metas realizables. Después de eso, ve a tu oficina con la intención de detener el caos causado por las preocupaciones antes de que éste comience. Si te das cuenta de que tu mente está distraída, toma un receso de 10 minutos, llama a un amigo o escucha tu canción favorita.
Hacia el final del día, puede ser fácil bajar la guardia y tener pensamientos negativos sobre ti mismo y tu futuro incierto. Es aquí donde necesitas seguir identificando y dejando ir las cosas que no puedes controlar.
Es inhumano no preocuparse, así que, en lugar de buscar eliminar completamente la preocupación de tu cerebro, empléala para identificar qué es lo que te hace feliz, cuáles son tus metas, y cómo puedes ser la mejor versión posible de ti mismo.

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