Después de pagar tus impuestos, aprende a vivir con el 70% de tus ingresos. Ese dinero sirve para cubrir tus necesidades y lujos. Luego, es importante buscar la mejor forma de administrar el 30% restante.
Éstas son 3 sugerencias para hacerlo:
Caridad.
Del 30% que no gastas en necesidades y lujos, un tercio debería ser destinado a la caridad. Dar a la caridad es el acto de devolver parte de tu riqueza a la comunidad y ayudar a quienes necesitan ayuda. Este hábito debería ser cultivado desde pequeños, porque es fácil dar 10 centavos cuando sólo dispones de un dólar, no obstante, es un poco más difícil dar $100,000 si ganas un millón.
Capital para inversiones.
Con el siguiente 10% de tus ingresos, vas a crear tu riqueza. Éste es dinero que utilizarás para comprar, arreglar, fabricar o vender. La clave es involucrarse en el comercio, no importa si lo haces a medio tiempo. Hay muchas formas de crear riqueza, presta atención a las habilidades que ganaste en tu trabajo o tus hobbies, podrías convertir esas habilidades en un negocio rentable. También, podrías comprar un producto a precio de remate y venderlo a precio normal, o puedes comprar una propiedad abandonada y restaurarla. Usa tu imaginación.
Ahorros.
El último 10% debería ser ahorrado. Ésta es la parte más emocionante de tu plan para generar riqueza, porque te ofrece la oportunidad de tener paz mental al prepararte para los “inviernos” de la vida. Éstas son definiciones interesantes de “ricos” y “pobres”: los pobres gastan su dinero y ahorran lo que les sobra. Los ricos ahorran su dinero y gastan lo que les sobra.
Recuerda que dar, invertir y ahorrar, como cualquier disciplina, tienen efectos sutiles. Al final del día, de la semana, del mes, sus efectos son casi imperceptibles, pero, en un lapso de cinco años, la diferencia se hace evidente. En diez años, la diferencia es dramática.

Publicar un comentario