La Importancia de Alentar


Alentar Es La Luz Solar Verbal.

La importancia de alentar
En sus famosas cartas a su hijo, Lord Chesterfield dijo: “Hijo mío, aquí está la forma para agradarle a la gente: haz que cada persona se agrade sí misma un poquito más, y te prometo que a él o a ella le agradarás mucho más”.

Muchos de nosotros somos conscientes del tremendo poder de dar ánimo, y aun así fallamos al tomar acción sobre eso. Hacer que otros se sientan importantes y mejor acerca de sí mismos debe ser una fuerza impulsora en nuestras relaciones.

Mahatma Gandhi inspiró a millones de personas a ir más allá de sus limitaciones para lograr grandes cosas. Se dijo que él se rehusaba a ver el mal en la gente. Él inspiró, e incluso cambió seres humanos considerándolos no como lo que ellos eran, sino como lo que ellos deseaban ser.

El político Scudder Parker dijo: “La gente tiene los medios para convertirse en lo que tú los animes a ser, no en lo que tú los obligues a ser”. 

Dale Carnegie dijo: “Dile a un niño, a un esposo o a un empleado que él es estúpido o tonto haciendo algo para lo que no tiene un don, y que esté haciendo equivocadamente, y habrás destruido casi todo incentivo para que trate de mejorar. Sin embargo, usar la técnica opuesta: ser generoso con el dar ánimos, permite que la otra persona sepa que tú tienes fe en su habilidad para hacer las cosas… y practicará hasta el amanecer a fin de sobresalir”.

La gratitud silenciosa no le hace mucho bien a nadie, pero supongamos que en lugar de eso animo a dos personas un día de manera que cada una de ellas esté motivada para dar ánimo a dos personas más al día siguiente. Si este proceso continúa, 120 personas serán alentadas en siete días. A ese ritmo, 16,000 personas podrían experimentar esta ola de aliento a los 14 días. Y al llegar a las 3 semanas, 2 millones de personas se verían afectadas.

Esos números son optimistas, pero imagina el impacto. Las organizaciones inteligentes entienden que en una escala local, operar en un entorno de apoyo y ánimo mejorará no sólo la moral, sino que en muchos casos, sus ganancias. Éstas alientan a sus empleados a tomar riesgos que harán avanzar a la compañía.

Por ejemplo, Ore-Ida, la subsidiaria para alimentos congelados de H.J. Heinz, estaba tratando de alentar más aprendizaje y toma de riesgos en sus actividades de investigación. La gerencia notó que la investigación y desarrollo son inherentemente riesgosos. Ellos sabían que la única forma de triunfar era a través de muchos intentos. Un buen intento que resulte en algún aprendizaje debe celebrarse aun cuando falle.

Cuando eliminamos las expectativas poco realistas, permitimos la falla sin castigos y apreciamos y alentamos los esfuerzos de las personas, ponemos los cimientos para que la gente sobresalga. Crear un ambiente de apoyo debería ser el pilar central de cualquier plan de negocios. De otro modo, ¿por qué molestarse en contratar a los mejores?

El legendario entrenador de fútbol de Alabama Paul “Bear” Bryant compartió su secreto para alentar a los jugadores a unirse como equipo, cómo levantar a algunos y calmar a otros. “Sólo hay 3 cosas que siempre digo: Si algo sale mal, yo lo hice. SI algo sale casi bien, entonces nosotros lo hicimos. Si algo sale muy bien, entonces ustedes lo hicieron. Eso es lo que se se requiere para conseguir que la gente gane partidos de fútbol para ti o haga su mejor trabajo para tu compañía”.

Glenn Van Ekeren cuenta la historia real de lo que pasó muchos años atrás en un teatro de ópera en París. Un famoso cantante iba a actuar frente al teatro lleno. La sensación de expectativa y entusiasmo estaba en el aire cuando el gerente del teatro subió al escenario y dijo: “Damas y caballeros, gracias por su entusiasmo y apoyo. Me temo que debido a una enfermedad, el hombre que vinieron a escuchar no actuará esta noche. Sin embargo, tenemos un reemplazo a su altura que esperamos les brinde entretenimiento comparable.”
El público se quejó con decepción. El ambiente pasó de entusiasmo a frustración. El artista dio todo lo que tenía en su actuación. Cuando terminó, no hubo nada más que silencio incómodo. Nadie aplaudió. Súbitamente, desde el balcón, un niño pequeño se levantó y gritó: “Papá, yo creo que eres maravilloso.” La audiencia aplaudió con mucha fuerza.

¿A quién no le gustaría escuchar “creo que eres maravillos@” de vez en cuando?

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