Procrastinamos por una sencilla razón: no podemos ver claramente las consecuencias de procrastinar. Si alguien inventara una máquina que nos muestre una película de lo que PUDO haber sido nuestra vida, quedaríamos atónitos.
Imagina si hace unos años hubieras decidido empezar una dieta saludable y una rutina de ejercicios en el gimnasio (y hubieras mantenido la rutina hasta ahora). ¿Cómo se vería tu cuerpo en este momento? Seguramente se vería increíble.
Ahora, imagina si hace unos años hubieras decidido leer y estudiar sobre cómo ganar más dinero y lo hubieras seguido haciendo hasta ahora. ¿Cómo se vería tu cuenta de banco ahora mismo? Seguramente tendrías mucho dinero ahorrado.
Nadie ha inventado esa máquina que nos muestre nuestra vida en ese universo paralelo en el que no procrastinamos. La buena noticia es que nuestro cerebro es lo suficientemente poderoso como para crear una visión de esa realidad paralela.
Prueba hacer esto: piensa en gente a la que admires: en alguien que tenga un mejor estado físico que tú, en alguien que esté ganando mucho dinero… y luego, imagina que tuvieras la vida de esas personas. ¿Listo? Ahora, sé valiente y cambia tu vida.
Lo más probable es que la mayor diferencia entre tú y esas personas es que ellas no procrastinan tanto como tú. Utiliza esa idea para cambiar el rumbo de tu vida. De hecho, Al Howell, un ex alto ejecutivo de General Electric, solía decir: “He trabajado con muchos millonarios, y la única diferencia entre ellos y las personas promedio, es que los millonarios HACEN las cosas que los demás saben que deberían estar haciendo”.
No es magia. Los exitosos hacen lo que deberían estar haciendo, no están buscando una fórmula secreta que les permita cambiar sus vidas. Otra persona exitosa (Howard Schultz - fundador de Starbucks) advierte que no existe una receta mágica para tener éxito… sólo necesitamos retarnos a mejorar constantemente.
Quizá lo más cercano a una “fórmula mágica” sea dedicar un tiempo a la semana a visualizar todas las cosas increíbles que te perdiste de hacer o tener hasta ahora en tu vida por causa de la procrastinación. Evita hacerlo muy seguido, porque podría ser deprimente. Este dolor será el súper combustible que te hará levantarte de la cama cuando tengas flojera de hacerlo.
Por ejemplo, si alguna vez pides dinero prestado, imagina que lo pediste prestado a una mafia. El hecho de saber (imaginar) que tienes que pagarle a la mafia te motivará lo suficiente como para levantarte a trabajar muy temprano cada mañana.
Con ese ejemplo en mente, ten claro esto: el tiempo es como un préstamo que te hizo la mafia—sólo que menos flexible, porque el tiempo no se detiene por nadie.
Observa tu nuevo futuro al visualizar múltiples resultados para tu vida. Sé como un maestro de ajedrez, es decir, alguien que puede ver varias jugadas posibles por anticipado. No tengas miedo de admitir que te has perdido de muchas cosas hasta este momento, pero sé lo suficientemente optimista como para ver la luz al final del túnel.
Esta información cambiará tu vida, si es que decides aplicar lo que acabas de leer.

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